Un homenaje en el Día Internacional de la Mujer

Cada 8 de marzo el mundo se detiene un momento para reconocer el papel fundamental de la mujer en la sociedad. En la Tuna las mujeres también han tenido siempre una presencia silenciosa pero decisiva: Madres que escuchan los primeros ensayos, hermanas que celebran los logros, parejas que acompañan las trasnochadas, amigas que se convierten en parte inseparable de la hermandad y fans que, con el paso del tiempo, terminan siendo parte de la familia.

Porque si algo enseña la Tuna es que la hermandad no se limita a quienes visten la capa y la beca. También se construye con quienes están al lado, apoyando, celebrando y viviendo cada canción con la misma emoción.

En este Día Internacional de la Mujer, el equipo de Tunas y Estudiantinas ha querido reconocer precisamente a esas mujeres que han acompañado la tradición desde fuera del parche, pero con el corazón plenamente dentro de ella. Para este artículo hemos escogido un grupo de mujeres de España, Portugal, Perú y Estados Unidos que, con su amistad, apoyo y cercanía, se han convertido en parte de la historia cotidiana de muchas tunas. Sus voces nos recuerdan que la Tuna no solo se canta y se toca: también se vive.


María Cristina Sánchez “Cricrí” – España

Una vida entre música, tradición y hermandad

La historia de María Cristina Sánchez, conocida en la tuna como “Cricrí”, es la de una vida profundamente marcada por la música y la tradición.

Nacida en un entorno familiar donde la música formaba parte del día a día, comenzó muy pequeña a aprender guitarra junto a su madre, originaria de Valverde del Camino (Huelva). Su talento musical se manifestó pronto: con apenas seis años ingresó en la academia de flamenco de Manolo Sierra y, pocos años después, comenzó a tocar la bandurria en la estudiantina de su colegio bajo la dirección de Antonio Trillo. Con el tiempo ampliaría su formación aprendiendo a tocar el piano con su tía y participando en distintos espacios musicales, creciendo rodeada de una mezcla de géneros que iba desde boleros y zarzuelas hasta chacareras y valses peruanos.

Lechuga y Pocholo, de la Tuna de Filosofía y Letras de Málaga

Su vínculo directo con el mundo de la Tuna comenzó a principios de los años noventa, cuando amigos y familiares ingresaron en la Tuna de Económicas y Empresariales de Huelva. Aquella cercanía la llevó a involucrarse cada vez más en este entorno hasta convertirse, en 1995, en colaboradora del Certamen Ciudad de Huelva, donde comenzó como azafata y terminó desempeñando el cargo de jefa de azafatas, participando activamente en la organización de numerosos encuentros y certámenes de las tunas de la ciudad.

Con Torero, uno de los mejores banderas de España, y Apoderado, de Empresariales de Jerez

La Tuna terminó formando parte esencial de su vida también a nivel personal. En 2001 contrajo matrimonio con el jefe de la Tuna de Empresariales. Aunque años después se separaron, como ella misma afirma con humor y cariño, tras el divorcio “ella se quedó con la tuna”.

Hoy mantiene múltiples vínculos con la comunidad de tunas: es hermana, cuñada, comadre y madrina de varios tunos, y pronto será madrina de nuevas tunas. Gracias a su formación musical también participa con frecuencia como jurado de escenario en certámenes, donde disfruta especialmente analizando aspectos como la dirección musical, el empaste de voces, las armonías y los arreglos de cada agrupación.

Entre sus amigos tunos es conocida por el apodo de “Cricrí”, un juego de palabras que nace de su nombre, Cristi, y que evoca también el sonido del grillo —nombre que recibe el jubón del traje de tuno—. En la Tuna de Medicina de Murcia incluso la llaman cariñosamente “Madre de novatos”, por su cercanía y por el cuidado que brinda a los aspirantes mientras aprenden los valores y la disciplina de esta tradición.

Para Cricrí, la esencia de la Tuna reside en su hermandad, el respeto a la jerarquía y esa mezcla única de picaresca y responsabilidad que define a los tunos. Cree firmemente que llevar la beca implica representar dignidad y nobleza, y describe el ambiente que rodea a la Tuna como una verdadera “magia maravillosa”.

Entre los muchos recuerdos que guarda, hay uno especialmente emotivo que permanece grabado en su memoria: el día de su boda en el Monasterio de La Rábida, un lugar cargado de historia y simbolismo en la provincia de Huelva. Al salir de la iglesia, después de la ceremonia, se encontró con una sorpresa que jamás olvidará. Allí estaban los integrantes de la Tuna de Empresariales de Huelva, esperándola para dedicarle una serenata muy especial.

Los tunos comenzaron a cantar la habanera “Rosa de Cuba”, una de esas piezas que tienen la capacidad de tocar el corazón de quien la escucha. Rodeada de amigos, música y tradición, aquel momento se convirtió en una escena profundamente emotiva que reflejaba la unión entre su vida personal y el mundo de la Tuna, al que llevaba tantos años ligada.

Aún hoy, cada vez que recuerda aquella serenata a las puertas del monasterio, confiesa que la emoción vuelve con la misma intensidad de aquel día, como si la canción siguiera resonando entre los muros del lugar y en su propia memoria.

Otra que guarda con cariño, y que siempre recuerda con una sonrisa, es la del año 2003, con su hijo que tenía apenas unos meses de nacido, decidió llevarlo al Certamen Ciudad de Huelva vestido con un traje de tuno hecho a su medida: una réplica exacta del original, con capa y una pequeña beca incluida. Como el apodo de tuna de su padre es “Peggy”, aquel día el bebé fue bautizado cariñosamente por los tunos como “Mini Peggy”. Durante el certamen, la Tuna de Empresariales de Huelva lo subió al escenario mientras cantaban, y poco después su padrino Juanjo, de la Tuna de Agrónomos de Córdoba, se lo llevó para presentarlo a su propia tuna. Cristina recuerda entre risas que su hijo estuvo prácticamente “secuestrado” durante casi cuarenta minutos, pasando de brazo en brazo entre los tunos que asistían al encuentro, mientras todos querían conocer al pequeño tuno y tomarse una foto con él. Un episodio entrañable que refleja, una vez más, el espíritu familiar y cercano que rodea a la Tuna.


Lourdes Merino – Lima Perú

Cuando la Tuna se convierte en vocación

Para Lourdes Merino, productora general y conductora del programa Tunas para el Perú y el Mundo, el vínculo con la Tuna comenzó de una manera que ella misma resume en una frase: amor a primera vista.

Corría el año 2012 cuando asistió a un evento organizado por la Tuna de Derecho de la Universidad de San Martín de Porres en Monterrico. Aquella noche quedó profundamente impactada por lo que vio sobre el escenario, quedo impactada por tanto arte.

Warren UNALM, Lourdes y Pirata UNE

La experiencia fue tan fuerte que esa misma noche tomó una decisión que marcaría su camino: crear un espacio dedicado a difundir esta tradición.

Así nació el programa “Tunas para el Perú y el Mundo”.

Lourdes reconoce que no fue sencillo. En ese momento no tenía ningún vínculo previo con el mundo de la Tuna, lo que hizo que el proceso fuera aún más desafiante. Ella sabía que iba a ser complicado porque no tenía ningún vínculo con la Tuna. Pero como ella misma dice, muchas veces lo difícil es precisamente lo que más satisfacciones termina dando.

Con el tiempo, su admiración por la Tuna se fue fortaleciendo al conocer más de cerca su esencia.

“Admiro su arte, su disciplina, su tradición y su hermandad. No hay mayor diversión que estar con la Tuna.”

Durante todos estos años ha vivido innumerables experiencias acompañando a distintas agrupaciones, pero hay una que recuerda con especial intensidad.

Cuca y Ovejero de Derecho USMP

Ocurrió en Abancay, durante el Día de los Muertos, junto a la Tuna UTEA. Aquella jornada acompañó a los tunos a un cementerio donde iban a cantar a la hermana fallecida de uno de sus integrantes. Nunca había presenciado algo así. Recuerda ver a tantos tunos llorar mientras cantaban que las lágrimas también comenzaron a brotar de sus propios ojos.

Después de ese momento tan emotivo, la jornada continuó de una forma muy distinta. Los tunos siguieron recorriendo el cementerio cantando a otros difuntos, hasta que llegó la tarde y luego la noche. Entre música, huaynos, baile y algunas cervezas, aquella experiencia quedó grabada en su memoria como una de las más intensas que ha vivido.

“Fue lo más alucinante que he vivido con la Tuna.”

Hoy, después de todos estos años, Lourdes solo tiene palabras de gratitud para la comunidad de tunas, tanto peruana como internacional.

“Le agradezco mucho a la Tuna peruana e internacional por todo lo que me ha dado y me sigue dando con el programa.”

Y deja claro que su compromiso con esta tradición continúa.

Tunas para el Perú y el Mundo seguirá… hasta que el cuerpo aguante.


Nora Hyter – Estados Unidos

Cuando una canción en Barranco cambió todo

La historia de Nora Hyter, desde Estados Unidos, demuestra que la magia de la Tuna no entiende de fronteras. Todo comenzó en una calle de Barranco, Lima, cuando un tuno se acercó, besó su mano y le cantó una canción. Era la primera vez que alguien le cantaba.

Desde ese momento, dice Nora, quedó oficialmente enamorada de la Tuna, cuenta que tenía una sonrisa que no desapareció en toda la noche, incluso mientras dormía. Cuando descubrió que aquellos músicos eran estudiantes universitarios que debían mantener altos estándares académicos para permanecer en sus tunas, su admiración creció aún más. No solo eran talentosos musicalmente, sino también jóvenes brillantes que algún día serían líderes de su país. Fue entonces cuando decidió apoyarlos de la forma que pudiera.

Nora comenzó a invitar a los tunos a su departamento siempre que podía. Allí conoció de cerca a la Tuna de Derecho de la Universidad de San Martín de Porres, y poco a poco fue conociendo a integrantes de muchas otras tunas. Su casa se convirtió en un punto de encuentro donde agrupaciones distintas podían conocerse.

Piolín UDCH, Nora y Lenin Contabilidad USMP

Los tunos que visitaban su casa dejaron también su huella en las paredes. Nora les pedía que firmaran o dibujaran algo, y con el tiempo cada muro de su departamento quedó cubierto de mensajes, dibujos y recuerdos.

Al principio notó algo curioso: existía bastante rivalidad entre las tunas. Muchas se veían más como competencia que como amigos. Pero con el tiempo, gracias a estos encuentros, las relaciones comenzaron a cambiar y surgieron nuevas amistades.

Su entusiasmo era tal que incluso se convertía en guardiana del silencio durante las presentaciones: si alguien hablaba mientras los tunos cantaban, no dudaba en rociarlos con un poco de agua para que guardaran respeto.

Durante varios años acompañó a distintas tunas en viajes por Chile y Ecuador, asistiendo a numerosos certámenes. Cuando en alguna ocasión la honraban públicamente, Nora tenía una costumbre muy especial: teñía su cabello del color de la beca de la tuna anfitriona.

“En Perú era muy difícil encontrar tinte morado para el cabello”, recuerda entre risas.

El Charro de Contabilidad USMP

También hubo momentos intensos. En una ocasión, durante un certamen en Trujillo, una pelea comenzó en la calle con algunos locales. Nora sorprendió a todos cuando empezó a defenderse junto a los tunos: nadie sabía que sabía karate.

Mientras ocurría la pelea, lamentablemente algunos ladrones aprovecharon para robar la mayoría de los instrumentos de la tuna, lo que provocó una escena insólita cuando tuvieron que presentarse con apenas unos pocos instrumentos.

A lo largo de esos años, su casa fue prácticamente un hogar para muchos tunos. Incluso mandó a fabricar unos pines metálicos especiales que entregaba a sus amigos más cercanos. En diferentes momentos, algunos tunos llegaron a vivir temporalmente con ella como parte de esa gran familia que se había formado.

Cuando recuerda todo aquello, Nora lo resume con una frase sencilla:

“Podría escribir un libro sobre todos nuestros viajes y aventuras. Fue el mejor momento de mi vida.”

Y sobre todo, valora profundamente las amistades que nacieron en ese camino.


Beatriz Olaya “Trix” – Lima Perú

Una vida junto a la Tuna

El vínculo de Beatriz Olaya, conocida cariñosamente como Trix, con la Tuna comenzó hace más de veinte años en la Universidad Nacional de Ingeniería.

Todo empezó de manera casual. En una de sus clases compartía asiento con un pardillo de la Tuna UNI que, curiosamente, nunca le hablaba. Un día él llegó tarde a clase y le pidió prestados sus apuntes. Esa pequeña conversación fue el inicio de una amistad que la llevaría a conocer el local de ensayo de la Tuna y asistir a una de sus presentaciones. Aquella primera experiencia la marcó profundamente.

En ese entonces la Tuna Ingeniería estaba conformada por 16 tunos y varios pardillos. Para Trix fue también la primera vez que compartía amistad con personas mayores que ella, lo que despertó rápidamente su admiración.

Recuerda con especial cariño aquello que más le llamó la atención: las canciones, las voces, los instrumentos, el peculiar vestuario con sus capas largas y sus mallas, las anécdotas, el humor y esa forma tan particular de vivir la vida con alegría.

Pero lo que más la impactó fue la forma en que los tunos se relacionaban entre sí.

“No se decían solo amigos, se decían hermanos”.

Con el tiempo, gracias a la Tuna UNI, conoció también a tunos de otras universidades y su círculo de amistades fue creciendo dentro de este mundo musical.

Para Trix, uno de los aspectos más admirables de la Tuna es precisamente esa hermandad que trasciende lo musical. Ha visto cómo los tunos se apoyan emocional y económicamente cuando alguno atraviesa momentos difíciles, ya sea por enfermedad, problemas familiares o necesidades urgentes.

Ese espíritu solidario es algo que incluso ha experimentado en carne propia, y que ha reforzado su admiración por esta tradición.

A lo largo de los años ha vivido innumerables momentos junto a la Tuna: viajes, paseos, días de playa, campamentos, cumpleaños y celebraciones que forman parte de sus recuerdos más queridos.

Entre los momentos que más atesora están las veces que participó junto a su hijo en los compartires navideños de la Tuna UNI, las serenatas que le dedicaron en el auditorio por su cumpleaños o por el Día de la Madre, y un gesto muy especial: cuando los llamados tunos babys le entregaron un diploma nombrándola “Mamá de la Tuna Ingeniería”.

También recuerda con alegría cuando amigos de la Tuna San Marcos le cantaron durante las pardiolimpiadas del FITUNI, el día en que recibió su chapa —Trix— de manos de Machito, o cuando participó junto a sus amigas del club de fans en una entrevista para el programa Tunas para el Perú y el Mundo.

Entre las anécdotas más recientes que guarda con emoción está haber subido al escenario del XIX FITUNI, el año pasado, para entregar uno de los premios del certamen.

Para alguien que empezó simplemente prestando unos apuntes en clase, ese momento fue la confirmación de algo que hoy tiene muy claro: la Tuna, más que un espectáculo, es una comunidad que se construye con el tiempo, la amistad y el cariño.


María Rosa González “Rosita” – España y Portugal

Tres décadas acompañando la hermandad de la Tuna

Para María Rosa González Rodríguez, conocida cariñosamente en la tuna como Rosita, su vínculo con la Tuna comenzó a principios de los años noventa en La Coruña, cuando desarrollaba su labor en el ámbito de las relaciones públicas culturales dentro de una asociación musical de la ciudad. Por aquel entonces ya mantenía una relación cercana con antiguos tunos coruñeses, especialmente con la histórica Tuna del S.E.U., conocida como la Tuna de Napoleón. A ello se sumaba un vínculo aún más personal: uno de aquellos tunos que frecuentaban serenatas y reuniones terminaría convirtiéndose con el tiempo en su marido.

En aquellos años, entre los antiguos tunos de la ciudad se repetía siempre la misma idea durante sus encuentros anuales: algún día debían volver a reunirse y formar una tuna de veteranos. Durante mucho tiempo aquella idea quedó solo en palabras, hasta que en 1992 surgió una oportunidad decisiva. La Arkitectuna de la Universidad de La Coruña organizaba el I Certamen Internacional de Tunas Cidade da Coruña y propuso que aquellos antiguos tunos participaran fuera de concurso. Aquella iniciativa llevó a reunirlos nuevamente, ensayar repertorio de tuna bajo la dirección musical correspondiente y presentarse finalmente en el certamen con gran éxito. De esa experiencia nacería oficialmente la Asociación de Tunos Veteranos de La Coruña.

Ese mismo certamen marcaría otro momento clave en la historia personal de Rosita. Entre las agrupaciones participantes se encontraba la Estudiantina Universitaria de Coimbra, donde conoció al tuno Ivan Dias. Durante una conversación le comentó que ella organizaba un festival internacional de música de pulso y púa y que le gustaría contar con grupos universitarios portugueses. Ivan aceptó ayudarla con una condición: que asistiera al FESTUNA, un encuentro de tunas portuguesas que Rosita aún no conocía. Aquella propuesta abrió para ella las puertas al universo de las tunas portuguesas y al inicio de una amistad que con el tiempo se volvería muy profunda.

Gracias a esas relaciones conoció posteriormente a la Tuna Universitária de Aveiro (TUA) y comenzó a asistir regularmente al FITUA, uno de los festivales más importantes de Portugal. Su primera visita a Aveiro se remonta a 1997, cuando acudió al VIII FITUA junto a Napoleón. Desde entonces ha sido testigo de la evolución de la Tuna a lo largo de generaciones, participando en encuentros, celebraciones y momentos inolvidables que fueron fortaleciendo los lazos de amistad.

Entre las muchas anécdotas que guarda con cariño hay una que refleja bien su forma de integrarse en esta familia. En sus primeras visitas al FITUA solía llevar obsequios para la Tuna, pero un día se preguntó si no sería bonito ofrecer también algo personal a cada tuno. Así nació la idea de crear una pequeña rosita en forma de pin, símbolo que comenzó a regalar como muestra de afecto. Napoleón, inspirado por la idea, decidió crear también un pin con su característico sombrerito, convirtiendo ambos detalles en recuerdos muy apreciados entre amigos.

Durante todos estos años Rosita ha acompañado a la TUA en innumerables momentos: desde los preparativos previos a los festivales hasta los encuentros en la emblemática Praça do Peixe, las serenatas, los paseos por los canales de Aveiro o las largas jornadas de convivencia que caracterizan al FITUA. Para ella, lo más valioso no ha sido solo la música, sino la calidad humana de quienes forman parte de esta tradición.

Después de más de tres décadas de amistad con el mundo de la Tuna, Rosita lo resume con sencillez: la Tuna es una gran familia donde se comparten alegrías, proyectos, desafíos y recuerdos que permanecen para siempre.

Y por eso, desde La Coruña, sigue firmando con orgullo como lo que siempre ha sido para ellos: una amiga, madrina y fan incondicional de la Tuna.


Luciana Salleres – Tacna Perú

Cuando la curiosidad se convierte en cariño por la Tuna

El vínculo de Luciana con la Tuna comenzó en agosto de 2018, de una forma tan inesperada como divertida.

Ese día salía de sus clases de teatro y pasó cerca del Centro Cívico de Tacna, donde se estaba realizando

un certamen. La curiosidad pudo más que ella y decidió acercarse a preguntar qué estaba ocurriendo.

Con Machito Gómez

Los primeros en explicarle fueron algunos tunos de la Tuna de la Universidad Nacional de San Martín de Tarapoto, quienes le contaron que se trataba de un encuentro de tunas universitarias. Luciana decidió quedarse unos minutos a escucharlos, y esos minutos fueron suficientes. Se quedó escuchándolos y dijo: ¡qué lindo cantan! como a ella también le gusta cantar, le llamó mucho la atención.

Ese primer encuentro fue el inicio de un vínculo que con el tiempo se convertiría en admiración y amistad.

Lo que más destaca de la Tuna es algo que la impresionó desde el principio: la dedicación de sus integrantes.

“Los admiro bastante, porque muchos de ustedes son profesionales y aun así se dan el tiempo para mantener viva esta tradición.”

A lo largo de los años ha vivido muchos momentos especiales acompañando a sus amigos tunos, pero hay uno que recuerda con especial emoción.

Un amigo muy cercano, conocido como Puma, la invitó en una ocasión a asistir a uno de los encuentros de Tuna. Entre bromas y entusiasmo, Luciana le prometió que al año siguiente estaría allí “como sea”, para compartir música y brindar juntos. Ella cumplió su promesa. Pero el destino tenía otros planes: cuando finalmente llegó el momento, Puma había fallecido.

A pesar de ello, Luciana mantiene ese recuerdo como uno de los más significativos de su historia con la Tuna.

Otra de sus experiencias más intensas fue un viaje que realizó desde Tacna hasta Huánuco, recorriendo más de 36 horas en bus solo para asistir a un encuentro de Tuna.

“Fueron 36 horas de ida y 36 de vuelta… solo para ir a ver a la Tuna.”

Una travesía que resume perfectamente lo que significa para ella esta tradición: una pasión que vale cada kilómetro.


Las historias de Cristina, Lourdes, Nora, Beatriz, Rosita y Luciana y tantas otras mujeres nos recuerdan que la Tuna no se construye únicamente con quienes visten capa y beca. También se sostiene gracias a quienes acompañan, apoyan, organizan, celebran y mantienen viva la tradición desde otro lugar: el de la amistad, la admiración y el cariño sincero. En España, Portugal, Perú, Estados Unidos y muchos otros rincones del mundo, estas mujeres forman parte de esa gran familia que la Tuna ha sabido crear a lo largo de generaciones. Porque al final, más allá de las canciones, los viajes o los certámenes, la verdadera esencia de la Tuna sigue siendo la misma: una hermandad que se canta, se vive… y también se comparte.

Porque si algo enseña la historia de la Tuna es que, en el fondo, todo comienza y termina en la mujer. Desde las primeras serenatas bajo balcones universitarios hasta las rondas que recorren ciudades enteras, la Tuna ha cantado siempre inspirada por ellas. La mujer ha sido musa, inspiración, cómplice, amiga, madrina y guardiana de esta tradición. Sin su presencia, sin su mirada desde el balcón o su aplauso desde el público, la Tuna simplemente no tendría razón de ser.

Por eso, en este Día de la Mujer, más que un homenaje, estas líneas son un reconocimiento sincero: la Tuna vive, canta y perdura también gracias a ustedes. 🌹

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