Tres hermanos tunos de una misma Tuna – Parte 1: Los Makos
En el universo de la Tuna, existen historias que trascienden lo musical y se convierten en verdaderos relatos de identidad y legado. Una de ellas es la de Óscar, Mark y Marlom Enrique Camac, tres hermanos de sangre que forman parte de la Tuna Universitaria de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, dejando una huella que aún hoy despierta comentarios y recuerdos dentro de la comunidad.
El mayor de los hermanos, Óscar Enrique Camac, conocido en la tuna como Fu, ingresó en el año 1992. Su paso por la tuna coincidió con una etapa de fuerte formación y exigencia, en la que el compromiso y la constancia eran valores fundamentales. Fu supo equilibrar la vida académica con la tuna, una experiencia que con el tiempo se reflejaría también en su vocación como docente, manteniendo siempre un perfil firme y respetado dentro del grupo. Al momento de su ingreso, Óscar nunca imaginó que su camino dentro de la tuna sería también el inicio de una historia compartida con sus hermanos. Para él, la tuna era una experiencia personal, un espacio de formación y crecimiento propio, sin pensar que con los años sus hermanos seguirían sus pasos y terminarían formando parte de las mismas filas. Con el tiempo, esa coincidencia se transformó en un orgullo silencioso: ver a sus hermanos asumir la tuna con el mismo respeto y compromiso confirmó que lo que comenzó como una decisión individual terminó convirtiéndose en un legado familiar.
Un año más tarde, en 1993, se incorporó Mark Enrique Camac, más conocido como Mako, quien con el tiempo se convertiría en el hermano más resaltante en el aspecto musical. Economista de profesión, Mako destacó especialmente por su dominio de la bandurria, instrumento que supo ejecutar con técnica, musicalidad y presencia escénica. Para muchos, su aporte elevó el nivel interpretativo de la tuna y dejó una referencia clara de cómo el talento individual puede enriquecer el sonido colectivo. Mark tampoco imaginó que su paso por la tuna lo convertiría en uno de los referentes más recordados del grupo. Su enfoque siempre estuvo en la música y en hacer bien su papel como bandurrista, sin buscar protagonismo ni reconocimiento. Sin embargo, su constancia, técnica y sensibilidad musical lo llevaron de manera natural a destacar, ganándose el respeto de sus compañeros y el cariño del público, hasta convertirse —casi sin proponérselo— en el más popular de los hermanos.
El menor de los tres, Marlom Enrique Camac, conocido como Piedrita, ingresó en 1998, cuando la presencia de sus hermanos ya era parte de la historia reciente de la agrupación. Administrador de profesión, Piedrita también encontró en la bandurria su espacio musical, compartiendo instrumento con Mako, pero desarrollando un estilo propio. Pero su historia con la tuna no comenzó en la universidad. Desde mucho antes, cuando apenas tenía 15 años, Marlom ya se acercaba a la agrupación casi como un espectador constante. Acompañaba a sus hermanos cada vez que podía, insistiendo en ir con ellos, observando de cerca la vida de la tuna y viviendo incluso, con humor, esa etapa de “pardillo” que todo novato atraviesa. Aunque aún no formaba parte oficial de las filas, en el fondo siempre tuvo claro que tarde o temprano vestiría la beca. Y así fue: al ingresar a la universidad, en 1998, terminó cumpliendo aquello que desde adolescente ya sentía como un destino natural. Su incorporación cerró una etapa singular: tres hermanos, en años distintos, unidos por la misma tuna y por una misma pasión musical.
La historia de estos tres hermanos mas conocidos como los Makos, por ser este el más popular, no se limita a fechas de ingreso o apodos, sino mas bien en una muestra de cómo la tuna puede convertirse en un punto de encuentro familiar, en un espacio donde los valores de hermandad, respeto y tradición se transmiten más allá del escenario. Cada uno, desde su rol y su tiempo, aportó a la identidad de la Tuna Universitaria de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, demostrando que la pertenencia a la Tuna no siempre es individual, sino también compartida.
Este relato invita a la reflexión y al diálogo entre tunos: ¿Qué significa compartir la tuna con un hermano?, ¿Cómo influye la familia en la permanencia y el compromiso dentro de una agrupación universitaria? La experiencia de Fu, Mako y Piedrita deja abierta la conversación y confirma que, en algunos casos, la tuna no solo se hereda en canciones, sino también en sangre.




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