La Tuna en Semana Santa: música, tradición y devoción en las calles

Hay una imagen que muchos asocian con la Tuna: alegría, serenatas, calle y canciones al anochecer. Pero hay momentos en los que la música cambia de tono… y la Tuna también.

Durante siglos, la relación entre los antecedentes de la Tuna y la Iglesia no fue precisamente sencilla. Los antiguos “sopistas”, estudiantes bohemios que recorrían las calles cantando, eran vistos con recelo por su vida nocturna, hasta el punto de que en la Edad Media llegaron a existir prohibiciones contra sus rondas. Sin embargo, con el paso del tiempo, la Tuna evolucionó, se organizó y encontró su lugar dentro de la sociedad.

Hoy, lo que en otro tiempo habría resultado impensable —la presencia de tunos en procesiones— es una realidad en distintas ciudades. Durante la Semana Santa, algunas tunas viven la tradición desde otro lugar: no desde la fiesta, sino desde el recogimiento; no desde el bullicio, sino desde el silencio compartido.

Son intervenciones discretas, a veces desde un balcón, otras a pie de calle, donde la música se convierte en acompañamiento de la fe, del paso de una imagen, del sentir de toda una ciudad.

Este artículo recoge algunas de esas historias: tunas que, desde hace años —incluso décadas—, forman parte de procesiones, encuentros y homenajes a Cristo o a la Virgen María. Tradiciones que muestran una dimensión distinta, pero igualmente auténtica, de la vida tunante.

Porque cuando la Tuna canta en Semana Santa… no solo suena. También acompaña.


Tuna de Magisterio de Murcia — Procesión del Santísimo Cristo del Refugio

Hay momentos en los que la Tuna se enfrenta a contextos poco habituales. No a la alegría de la calle ni al bullicio de la serenata, sino al silencio. En Murcia, en la década de los 90, una tuna ha sabido encontrar su lugar precisamente ahí, en uno de los actos más sobrecogedores de la Semana Santa: la procesión del silencio.

Su participación comienza en la Plaza de la Cruz, uno de los espacios que rodean la catedral de Murcia. Allí, reunidos, interpretan varios temas adaptando ritmo y estilo para integrarse en el carácter solemne del Jueves Santo. No se trata de cantar como en cualquier actuación, sino de entender el momento, el entorno y el significado de lo que está ocurriendo.

El homenaje está dedicado a la cofradía del Santísimo Cristo del Refugio, conocida popularmente como la procesión del silencio. Una de las más emblemáticas de la ciudad, donde el recogimiento marca el ritmo y donde cada intervención musical debe encontrar su lugar sin romper la atmósfera.

Entre todos los momentos vividos, hay uno que destaca por encima del resto. Cuando el paso, con el Cristo crucificado, avanza de frente hacia su posición, comienzan a interpretar “Silencio” —también conocida como “Duermen”—. A medida que la imagen se acerca, la intensidad crece hasta coincidir con una subida de tono justo en el instante en que el trono alcanza su punto más cercano. Un instante cargado de emoción, difícil de olvidar.

Para la tuna, participar en este acto es un honor profundo. Lo que comenzó en su día como una iniciativa arriesgada —cantar en una procesión de silencio— se ha convertido, con los años, en uno de los puntos de mayor afluencia de público. Hoy mantienen además una relación estrecha con la cofradía, que cuenta con ellos para distintos actos. Una muestra de cómo la Tuna, incluso en el silencio, sabe encontrar su espacio.


Tuna de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga — Ayacucho (Perú)

Hay ciudades donde la Semana Santa no es solo una celebración, sino una forma de vivir, Huamanga-Ayacucho es una de ellas. En este contexto profundamente arraigado en la tradición, la Tuna de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga forma parte, desde hace décadas, de una de las manifestaciones más emblemáticas de la ciudad.

Su participación se centra en dos momentos clave: el Miércoles Santo y el Viernes Santo. El primero está marcado por la procesión del Encuentro, donde sale en andas Jesús Nazareno, patrón de la ciudad, desde el convento de Santa Clara. En paralelo, recorre otro camino la Virgen Dolorosa. Ambas imágenes avanzan por distintos recorridos hasta encontrarse en un momento cargado de simbolismo y emoción, uno de los más esperados de toda la Semana Santa ayacuchana.

El Viernes Santo, la escena cambia de tono. La procesión del Santo Sepulcro transforma la ciudad en un espacio de recogimiento, donde Cristo es llevado en un ataúd, seguido por la Virgen Dolorosa en actitud de duelo. Es una marcha solemne, casi fúnebre, donde el silencio, la música y la devoción se entrelazan en un ambiente profundamente sobrecogedor.

En ambos casos, la Tuna participa desde un lugar muy concreto y cargado de historia: el balcón de la Higuera, una antigua casona situada junto a la catedral, que fue vivienda de don Cristóbal de Castilla y Zamora, fundador de la universidad. Desde ese balcón —que además se encuentra junto a su local de ensayo y museo— interpretan piezas dedicadas a las imágenes, manteniendo una tradición que se remonta, al menos, a las décadas de 1970 u 1980. Lo que comenzó como una intervención puntual en Miércoles Santo, con el tiempo se extendió también al Viernes.

Más allá de la música, su participación se integra en un contexto mayor. La Semana Santa en Ayacucho se vive durante semanas, con procesiones diarias y manifestaciones culturales como la elaboración de alfombras de flores, aserrín y otros materiales, por donde pasan las imágenes. En ese escenario, la Tuna no solo acompaña: forma parte activa de una tradición viva, donde la música universitaria se convierte en una expresión más de la devoción colectiva.


Tuna de Medicina de Murcia — Viernes de Dolores (España)

Hay momentos que marcan el inicio de algo grande. En Murcia, la Semana Santa no comienza en el silencio del Jueves ni en la solemnidad del Viernes Santo, sino en la medianoche del Viernes de Dolores. Y es ahí donde la Tuna de Medicina de Murcia ha encontrado su lugar desde el año 2022.

Su participación se desarrolla a las puertas de la iglesia de San Nicolás, donde, a las 00:00 horas, acuden para rondar a la Santísima Virgen de los Dolores, acompañados por la Real y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo del Amparo y María Santísima de los Dolores. En ese instante, la música se convierte en la primera expresión sonora de la Semana Santa murciana.

El homenaje se centra en la Virgen de los Dolores, la Tuna interpreta piezas como Las mañanitas, el bolero María Dolores o Bolero a Murcia, adaptando su estilo habitual a un ambiente más recogido, pero sin perder su esencia.

Para sus miembros, participar en este acto tiene un significado especial. No solo por el carácter devocional, sino por formar parte del inicio mismo de la Semana Santa, poniendo las primeras notas a una de las tradiciones más importantes de la ciudad.

Entre todos los momentos vividos, hay uno que destaca con fuerza: cuando la plaza queda en silencio absoluto y se escucha abrir el portón de la iglesia. En ese instante, la Virgen sale a saludar a Murcia, acompañada por la música de la Tuna. Un comienzo solemne, cargado de emoción, que marca el inicio de toda una semana de tradición.


Tuna Universitaria de Oviedo — Hermandad de los Estudiantes (España)

Hay tradiciones que, con el paso del tiempo, dejan de ser excepcionales para convertirse en parte natural de la ciudad. En Oviedo, la presencia de la Tuna Universitaria durante la Semana Santa es hoy una de esas realidades consolidadas, especialmente vinculada a la Hermandad de los Estudiantes.

Su participación se desarrolla en uno de los momentos más intensos de la Semana Santa: la madrugada del Viernes Santo. Durante la llamada “Madrugá”, la tuna acompaña el paso del Señor de la Sentencia con intervenciones musicales que combinan tradición universitaria y recogimiento religioso, integrándose en el ambiente solemne de la procesión.

Más allá de la música, el acto tiene también una dimensión profundamente simbólica. Durante la ronda se recuerdan a los compañeros ausentes —los llamados “hermanos perdidos”— y se comparten mensajes de fe y esperanza, reforzando el sentido de comunidad que caracteriza tanto a la Tuna como a la propia hermandad.

El repertorio elegido refleja ese contexto: piezas como “Cerca de ti, Señor”, “Virgen de Amor” o “La muerte no es el final” acompañan el paso de la imagen, transformando la energía habitual de la Tuna en una expresión contenida, respetuosa y profundamente emocional.

Lejos de ser algo puntual, esta participación tiene continuidad en el tiempo. Existen registros de años anteriores, como la intervención durante la Madrugá de 2019, que confirman cómo la Tuna de Oviedo ha ido consolidando su presencia en la Semana Santa local, integrando la tradición universitaria en uno de los momentos más significativos del calendario religioso.


Tuna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Alicante — “La Marinera” (España)

Hay casos en los que la Tuna no solo acompaña una procesión… sino que forma parte esencial de ella. En Alicante, la Tuna de la Facultad de Derecho mantiene desde 1989 una de las tradiciones más singulares de la Semana Santa: ser portadora del trono de Nuestra Señora de la Soledad, conocida popularmente como “La Marinera”.

La imagen que procesionan no es una más. Se trata de la talla más antigua que sale en la Semana Santa alicantina, datada en el siglo XVI, y vinculada al Convento de las Madres Agustinas —las conocidas Monjas de la Sangre—, el último convento de clausura que permanece en la ciudad. Desde allí es cedida a la Cofradía Sacramental del Cristo del Divino Amor y Nuestra Señora de la Soledad, con la que la Tuna mantiene una estrecha relación.

Desde hace más de tres décadas, la Tuna ejerce como costalera de privilegio, sacando el trono cada Miércoles Santo de forma prácticamente ininterrumpida, salvo contadas excepciones como la pandemia o un año en que la lluvia obligó a suspender la salida para proteger la imagen. No se trata de una procesión sencilla: la salida y entrada al convento presentan una gran dificultad debido a lo estrecho del acceso y a las dimensiones del trono, lo que obliga a desmontarlo parcialmente para poder maniobrar, generando uno de los momentos más esperados por el público.

Más allá de la procesión, la tradición comienza días antes. El Sábado de Pasión, tras la misa celebrada en la capilla del convento, la Tuna realiza una ronda a la Virgen, interpretando piezas como “Virgen de la Soledad”, compuesta por uno de sus propios miembros. Es un momento más íntimo, donde la música recupera su esencia más cercana y devocional.

Para la Tuna de Derecho de Alicante, estos actos tienen un profundo valor simbólico. Son un punto de encuentro entre generaciones, un momento de reencuentro para tunos que regresan expresamente a la ciudad, y también una tradición abierta, en la que participan tunas hermanas y compañeros de distintos lugares. Una muestra de cómo la Tuna, en Semana Santa, no solo acompaña… sino que también sostiene y transmite tradición.


Tuna Universitaria de Almería — Nuestra Señora de la Esperanza (España)

Hay tradiciones que nacen casi por casualidad, en un momento inesperado que termina marcando décadas. En Almería, la relación entre la Tuna Universitaria y la Virgen de la Esperanza —conocida como la Virgen de los Estudiantes— se remonta a comienzos de los años 90. Fue entonces cuando, durante un Miércoles Santo, la tuna coincidió en la calle con la procesión y, ante la ausencia puntual de la banda, se les invitó a cantar. Aquella intervención improvisada resultó tan emotiva que dio origen a una tradición que se ha mantenido durante más de treinta años.

Desde entonces, cada Miércoles Santo la Tuna participa en distintos puntos del recorrido, normalmente en plazas emblemáticas de la ciudad. La procesión se detiene frente a ellos y la Tuna interpreta dos o tres canciones, creando un momento de recogimiento en medio de la noche. A lo largo de los años, estos espacios han ido cambiando —desde la Plaza Virgen del Mar hasta otras como la de San Pedro—, pero el sentido del acto permanece intacto.

El homenaje está dedicado a Nuestra Señora de la Esperanza de Almería, estrechamente vinculada a la Cofradía de los Estudiantes, lo que refuerza aún más la conexión con la Tuna. Esa coincidencia entre tradición universitaria y devoción religiosa convierte este acto en algo especialmente significativo, tanto para los tunos como para la propia ciudad.

Para quienes participan, se trata de uno de los momentos más esperados del año. Durante la interpretación, el ambiente cambia: silencio, atención y emoción se imponen. La música deja paso a una experiencia íntima donde es habitual que afloren sentimientos profundos, incluso lágrimas. No es una actuación más, sino un instante de recogimiento que permanece en la memoria.

Entre los muchos momentos vividos, hay uno que destaca especialmente: un año en el que la lluvia impidió la salida de la procesión. Lejos de cancelarse, la Tuna fue invitada a cantar dentro de la catedral, frente a la Virgen. Allí, en un espacio cerrado y cargado de simbolismo, interpretaron su repertorio en un ambiente único. Como expresó uno de sus miembros: “ya que nuestra madre no había salido a vernos, veníamos nosotros a verla a ella”. Un gesto que resume perfectamente el sentido de esta tradición.


Diversos materiales recientes han analizado esta relación desde una perspectiva histórica, como el documental: ¿Qué pinta la TUNA en la SEMANA SANTA de España? 🤔 Una HISTORIA que pocos conocen

donde se explica cómo durante siglos los antecesores de la Tuna —los llamados “sopistas”— fueron vistos con recelo por las autoridades religiosas, llegando incluso a prohibirse sus rondas nocturnas en algunas universidades medievales. Sin embargo, con el paso del tiempo, esta tensión fue transformándose en integración. Hoy, lejos de aquel rechazo, existen múltiples ejemplos en ciudades como Jaén, Alicante, Murcia, Granada, Oviedo o Almería, donde la Tuna no solo acompaña, sino que forma parte activa de la tradición cofrade, adaptando su música a un lenguaje de respeto, recogimiento y devoción.

Conclusión: la Tuna también sabe callar

La presencia de la Tuna en la Semana Santa muestra una de sus facetas menos conocidas, pero quizás una de las más profundas. Aquí no hay jolgorio, no hay conquista, no hay escenario; solo música y respeto. Porque cuando la Tuna canta en Semana Santa, no busca aplauso, busca acompañar. Y en ese gesto —sencillo, contenido, sincero— la tradición encuentra una nueva forma de seguir viva.

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