Hablando con la TUNA y las esposas de los Tunos UCV de Trujillo

Hola, soy Pico de la Tuna César Vallejo de Trujillo, hoy quiero hablar de algo que muchas veces dejamos en segundo plano: nuestras esposas. Hace poco tuvimos un conversatorio distinto. Esta vez no éramos nosotros los que contábamos anécdotas. Eran ellas. Y escuchar lo que significa convivir con un tuno fue, sinceramente, una lección.La primera impresión… y la famosa “mala fama”

Jennifer, Dayana, Jessica y Kelly contaron cómo nos conocieron: en la universidad, en grupos de oración, en la música, en la vida diaria. Ninguna dimensionó al inicio lo que implicaba enamorarse de alguien que vive esta tradición con tanta intensidad.

Recuerdo que Jennifer dijo algo que me quedó grabado: al principio tenía una percepción negativa por la fama que rodea a la Tuna. Esa etiqueta de “borrachos y mujeriegos” que muchas veces nos persigue, aunque no siempre nos represente.

Y sí, también hubo risas cuando hablaron del traje. Ver por primera vez las mallas, el jubón ajustado… no siempre genera admiración inmediata. Para ellas fue extraño, incluso gracioso. Para nosotros es tradición; para ellas, al inicio, fue sorpresa.


El verdadero desafío no es la música

Si algo entendí ese día es que el problema no es la Tuna.

Es lo que viene con ella.

Las trasnochadas son el mayor punto de tensión. Llegar a las seis de la mañana —o peor, al mediodía del día siguiente— con la excusa de que había que cumplir con la tradición de ser los primeros clientes de la “guizada” no siempre es fácil de explicar.

Dayana fue clara: lo más difícil no es que salgamos, sino que no avisemos. Que el celular esté apagado. Que no haya comunicación. Y ahí uno entiende que mientras nosotros estamos celebrando hermandad, en casa puede haber preocupación.

Kelly recordó una noche incómoda, cuando Ronald, nuestro hermano Cangrejo, llegó en un estado en el que tuvo que ser prácticamente cargado por nosotros. Lo que para algunos queda como anécdota de Tuna, para quien espera en casa no tiene nada de gracioso.

Escucharlas nos obliga a mirarnos al espejo.


La Tuna también forma familia

Pero no todo es reclamo. También hay algo muy hermoso que nació de esta convivencia.

Ellas mismas han formado su propio círculo. Tienen su grupo de WhatsApp, comparten almuerzos, viajes, se apoyan. La hermandad no se quedó solo entre nosotros; se extendió a nuestras familias.

Hace poco atravesamos la pérdida de Cecilia, esposa de uno de nuestros hermanos. Y en ese momento vi cómo esa red de apoyo se hizo real. La Tuna no solo celebra junta; también acompaña en el dolor.


¿Nuestros hijos en la Tuna?

El tema más sensible fue el futuro.

¿Quieren que sus hijos sean tunos?

Algunas dicen que sí. Que la Tuna ayuda a desenvolverse, a hablar en público, a ganar seguridad, a aprender códigos de respeto y camaradería.

Otras dudan. No quieren que pasen por las exigencias del pardillaje ni que repitan las trasnochadas que ellas han tenido que tolerar.

Y como padre, esa pregunta me golpea distinto.


Una reflexión personal

Yo amo la Tuna. Es parte de mi identidad. Pero este conversatorio me hizo entender algo que pocas veces decimos en voz alta: nuestra tradición también exige sacrificios que no siempre asumimos solos.

Detrás de cada capa hay una mujer que espera.
Detrás de cada aniversario hay una familia que apoya.
Detrás de cada trasnochada hay alguien que confía.

Este abril celebraremos nuestros 25 años, el Aniversario de Plata de la Tuna César Vallejo de Trujillo, y esta vez quiero que nuestras esposas e hijos no sean espectadores, sino protagonistas.

Porque si la Tuna nos enseñó hermandad, ahora nos toca demostrar que también sabemos construir familia.

Y ese equilibrio, créanme, también se aprende.

Artículos relacionados

Respuestas

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *