El padrino y el Ahijado
Hola soy Pico, y quiero compartir con ustedes el episodio del programa «El padrino y el Ahijado» de mi canal “Hablando con la Tuna”, un espacio que nos recordó algo que a veces damos por sentado: la tuna no solo se canta, se vive… y se hereda.
En esta conversación participaron hermanos de la Universidad Nacional Agraria La Molina y de la Universidad César Vallejo, quienes compartieron anécdotas de viajes, presentaciones y, sobre todo, de esa convivencia casi familiar que nace entre padrinos y ahijados.
Y es que la tuna no funciona únicamente como una agrupación musical. Funciona como una escuela de vida.
Más que música: formación
El vínculo entre padrino y ahijado no se limita a enseñar acordes, entradas o repertorio. Es una relación que implica guía, paciencia, corrección y ejemplo. El padrino no solo enseña a tunar; enseña valores, carácter, respeto y compromiso.
Es una responsabilidad silenciosa que puede durar décadas.
Muchos de nosotros seguimos consultando a nuestros padrinos años después de haber sido bautizados. Y muchos padrinos siguen viendo en sus ahijados no solo músicos, sino hombres formados bajo una tradición que exige más de lo que aparenta.
Viajes, escenarios y hermandad
Entre risas y recuerdos, los invitados compartieron historias de viajes interminables, escenarios improvisados y momentos que solo la tuna puede regalar. Porque quien ha viajado con su tuna sabe que las mejores historias no siempre ocurren frente al público, sino en el camino.
En esas experiencias se consolida el lazo. Se aprende a convivir, a tolerar, a apoyarse. La tuna termina siendo una segunda familia.
Bautizos y ascensos: el rito que transforma
Otro punto importante que se abordó fue el proceso de bautizo y ascenso. Cada tuna tiene sus formas, sus tradiciones, sus pruebas. Pero todas comparten algo: el bautizo no es una ceremonia superficial; es un acto simbólico que marca un antes y un después.
De pardillo a tuno.
De aprendiz a heredero de una historia.
Ese proceso fortalece la jerarquía, sí, pero también el afecto. Porque el respeto no se impone: se construye.
Preservar lo que somos
La conversación dejó una reflexión clara: debemos cuidar y fortalecer nuestra identidad cultural. La tuna no es una moda pasajera; es una tradición universitaria que ha cruzado generaciones y fronteras.
Hoy más que nunca, necesitamos mantener vivos esos lazos entre generaciones. Que los tunos mayores acompañen. Que los jóvenes escuchen. Que las experiencias no se pierdan.
Porque cuando un padrino transmite su legado, no solo está enseñando música. Está asegurando que la tuna siga sonando en el Perú y en el mundo.
La tuna se canta, sí.
Pero sobre todo, se transmite.
¡Que viva la hermandad tunante! 🎶
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