Gemelos de Capa y Pandero: Markini y Juanes

En el universo de las tunas es común encontrar hermanos compartiendo capa, escenario y certámenes. La sangre, muchas veces, termina bordando la misma tradición. En este mismo espacio hemos contado historias memorables como la de tres hermanos en una misma tuna, o la de padre e hijo unidos por la capa y también sabemos que existen numerosos casos de duplas fraternas que han dejado huella: Chavo y Chavín en Derecho de la USMP, Zadhai y Rancinson en la UPT, Baily y Kola Inglesa de la UNASAM, por citar algunos.

Pero hay una historia que rompe el molde.

Porque no solo hablamos de hermanos tunos.
Hablamos de gemelos.
Y no solo eso… gemelos en tunas distintas.

Esta es la historia de Miguel Tapia, “Juanes” de la Tuna de la Universidad Nacional Federico Villarreal, y Marco Tapia, “Markini” de la Tuna de la Universidad Nacional Agraria de la Molina.


Dos caminos, una misma tradición

Marco fue quien dio el primer paso. Ingresó a la Tuna Agraria a mediados del 2005 y se bautizó el 27 de octubre del 2006. Pandero de alma inquieta, desarrolló rápidamente un estilo propio: show de pandero, bandera, capa y baile, Markini no solo tocaba… hacía espectáculo. Ingeniero en Gestión Empresarial de profesión, pero artista en la ronda.

Miguel, por su parte, ingresó en noviembre del 2005, con apenas 18 años, a la Tuna de la Villarreal. Fue nombrado pardillo el 12 de diciembre del mismo año y se bautizó el 6 de julio del 2007. Guitarrista de base, aunque en certámenes se desempeña más como pandero, bandera o capa, Juanes se reconoce con una habilidad muy particular: “full embarque”. Es Licenciado en Nutrición.


Cuando tu hermano es tu tuno

Pocos pueden decir que su propio hermano fue quien los formó dentro de la tradición.

Miguel cuenta que durante aproximadamente seis a ocho meses, Marco fue su Tuno, aunque la Tuna Agraria no permitía que lo “chancara”. La escena es casi cinematográfica: un gemelo guiando al otro en el proceso más exigente de la vida tunante, pero con la complicidad y el límite natural que impone la sangre.

Ser pardillo ya es intenso.
Ser pardillo con tu gemelo como referente… es otra dimensión.


El arte del engaño: tradición, picardía y genética

En el mundo de la tuna, la picardía es parte del ADN. Pero en el caso de los Tapia, el ADN juega literalmente a su favor.

Miguel recuerda una anécdota que hoy es casi leyenda en algunos encuentros: cuando aún salía como amigo de la Tuna Agraria —en épocas donde Chavo, Coyote y Chuiman estaban más activos— retaron a Chapulín (UCV-Trujillo) con una apuesta:

“Te apuesto que mi pardillo se trajea en un abrir y cerrar de ojos”.

La trampa era perfecta.
Uno estaba con traje.
El otro no.

Cuando cerraban los ojos… intercambiaban posiciones.

Resultado: confusión total y carcajadas aseguradas.

Y no ha sido la única vez. En encuentros y certámenes, más de uno ha jurado que un tuno se teletransportó, que cambió de universidad o que apareció en otro escenario minutos después. La respuesta es más simple y más brillante: son gemelos.


Dos tunas, dos estilos, una misma esencia

Lo realmente particular de esta historia no es solo que sean gemelos.
Es que cada uno construyó identidad propia en tunas distintas.

Juanes representa la tradición Villarreal con guitarra, capa y ese “embarque” fino que caracteriza al tuno criollo.
Markini, desde la Agraria, se consolidó como panderetista showman, con despliegue escénico y fuerza interpretativa.

No compiten.
No se eclipsan.
Se potencian.

Cada uno defendiendo su casa, pero compartiendo sangre, historia y código tunante.


Más que hermanos, símbolo

En las tunas hemos visto hermanos.
Hemos visto padres e hijos.
Hemos visto generaciones completas.

Pero los gemelos Tapia nos recuerdan algo más profundo:
La tradición no solo se hereda… también se multiplica.

En un mundo donde las tunas siguen luchando por mantenerse vivas, casos como este demuestran que la hermandad no es solo un discurso. Es real. Es biológica. Es cultural. Y, a veces, viene en versión duplicada.

Porque cuando la capa pesa, pesa igual para los dos.
Cuando suena el pandero, vibra el mismo pulso.
Y cuando alguien grita “¡Tuna!”, hay dos que responden casi al mismo tiempo.

Dos universidades.
Dos trayectorias.
Una misma historia.

Y un detalle imposible de ignorar:
La tradición, esta vez, vino en par. 🎩

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