Viaje y convivencia con la Tuna
Hola, en esta ocasión en mi programa «Hablando con la Tuna» recordamos una de esas historias que no solo se cuentan… se sobreviven. Conversamos sobre el viaje que realizaron cuatro tunos a Ecuador en el año 2002, una experiencia que marcó sus vidas y que dio origen al nombre de su grupo de hermandad: “Limón Chancado”.
Lo que empezó como una coincidencia terminó convirtiéndose en una odisea que hoy es leyenda.
El inicio: cuando el destino junta capas
Este viaje no fue planeado desde Lima. Potito, Becario, Cartrito y Coco —pertenecientes a distintas universidades— se encontraron casi por azar en el norte del Perú, entre Trujillo y Chiclayo. Como suele ocurrir en la tuna, una conversación llevó a otra… y decidieron seguir rumbo al norte.
El contexto no era sencillo. Ecuador atravesaba una fuerte crisis económica y el proceso de dolarización estaba en marcha. Pero el espíritu tunante rara vez se detiene por la economía.
Loja: de embajada cultural a sobrevivientes
Al llegar a Loja, se presentaron ante la municipalidad como una embajada cultural del Perú. La propuesta fue bien recibida y el alcalde, entusiasmado, los alojó en un hotel de lujo.
Parecía que el viaje empezaba con pie derecho.
Pero todo cambió cuando fueron vistos y fotografiados actuando en un local vinculado a un partido político opositor. El apoyo económico fue retirado de inmediato.
La consecuencia fue dura:
- Quedaron con una deuda considerable en el hotel.
- Tuvieron que empeñar la bandurria de Cartrito, haciéndola pasar por una reliquia española antigua para garantizar el pago.
- Pasaron a dormir en un cuarto diminuto que bautizaron como el “posilgaín”.
- Se alimentaban con lo mínimo mientras parchaban en mercados y calles para reunir dinero.
Ahí comenzó la verdadera prueba.
Karen, la limpia y el nacimiento del “Limón Chancado”
Cuando la situación parecía insostenible, el destino los llevó a un centro bohemio llamado Casa Tincu. Allí conocieron a Karen, una curandera chilena radicada en Loja.
Lo que siguió parece sacado de una novela.
Cartrito estaba con fiebre alta. Karen lo trató con barro y rituales en su casa, rodeada de objetos esotéricos: cráneos, espadas y símbolos antiguos. Luego realizó una “limpia” a los cuatro tunos, escupiéndoles líquidos rituales y entregándoles un amuleto de cuero con una runa.
Ese amuleto fue bautizado por ellos como el “Limón Chancado”.
Además, Karen hizo predicciones que con el tiempo se cumplirían: que Potito se casaría con una chilena y que Coco terminaría con su novia al regresar a Lima.
Más allá de lo místico, algo cambió.
El giro inesperado
Después del ritual, su situación económica mejoró de manera sorprendente. Consiguieron mejores contratos, comida abundante y ofrecieron un exitoso concierto en Casa Tincu. Recuperaron la bandurria y reunieron lo suficiente para continuar hacia Guayaquil.
En Guayaquil las dificultades no desaparecieron del todo —el agua era más cara que la cerveza— pero lograron establecer contacto con restaurantes como “El Ñato”, donde la tradición tunante fue recibida con entusiasmo.
Lo que comenzó como crisis terminó como aprendizaje.
Lo que realmente quedó del viaje
Más allá de lo anecdótico, este viaje fue fundamental para forjar una hermandad inquebrantable. Compartieron frío bajo las capas, hambre, enfermedad, deudas y esperanza.
Eso no se olvida.
El “Limón Chancado” no es solo un nombre curioso; es el símbolo de una experiencia que consolidó un vínculo de por vida.
Para las nuevas generaciones, esta historia deja una lección clara: la tuna no se trata solo de escenarios y aplausos. Se trata de gestión, resiliencia, convivencia y capacidad de enfrentar lo inesperado.
Viajar forja al tuno.
La adversidad lo define.
La hermandad lo sostiene.
Historias como esta nos recuerdan que las mejores páginas de la tuna no siempre se escriben en los festivales… sino en los momentos más difíciles.
¡Que viva la tuna y que vivan las historias que nos unen! 🎶
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